jueves, 14 de febrero de 2013

Solicitada 
La SRA ante el control de precios 
La Sociedad Rural Argentina manifiesta su rotundo desacuerdo con los controles de precios establecidos por el gobierno nacional. Instaurar el control de precios como medida para frenar la inflación que carcome los ingresos de la población ya ha demostrado su fracaso a lo largo de nuestra historia. 
La inflación no se frena a través de la prohibición de la publicación de las ofertas de los supermercados en los diarios. La inflación no se frena a través de un relato mentiroso que busca el silencio de quienes opinan diferente, ni con actitudes contrarias a la libertad de expresión. Si realmente se desea frenar la inflación, el gobierno debería solucionar los graves desajustes macroeconómicos y otorgar incentivos para la producción en un ambiente amigable para invertir. 
El campo produce alimentos para 400 millones de personas. Hay en la Argentina azúcar, yerba, carne y aceite para abastecer a toda la población y para proveer los mercados internacionales. El control de precios impulsado por el gobierno nacional incentiva el desabastecimiento y la escasez, a pesar de la existencia de alimentos en cantidad y calidad. Además, redunda en una mayor suba de los precios de los productos controlados una vez finalizado el plazo para esos controles. 
¿Cuál es la medida que se piensa implementar el día que termine el congelamiento de precios? De esta forma, son los productores agropecuarios y los consumidores los mayores perjudicados por las políticas de este gobierno. 
Desde hace dos años el productor de leche recibe alrededor de $ 1.50 por litro, mientras que la leche en las góndolas aumentó 66%, y se ubica en alrededor de los $ 6 por litro; un kilo de trigo vale $ 1.30, mientras que un kilo de pan vale cerca de 13 pesos, 10 veces más. 

En un contexto en el que el productor aumentó la producción y la inversión, con exportaciones casi cerradas ¿cómo es posible que el precio de la carne al mostrador se haya incrementado un 19% en promedio respecto al 2011, mientras que el precio de la hacienda en pie solo lo hizo en un 8%? ¿Quién se queda con la diferencia? 
La mejor forma de cuidar en serio la mesa de los argentinos es dando impulso a la producción, en vez de ponerle trabas. Es generar un ambiente amigable y creíble para la inversión de largo plazo. 
Frente al relato, la única verdad es la diaria realidad de los productores agropecuarios, que sufren intimaciones de la AFIP, que no pueden vender el trigo ni el maíz, que deben comercializar su producción a precios de remate por el cierre de las exportaciones y la intervención de los mercados. Y, del lado de los consumidores, la falta de productos en las góndolas y la suba de precios. 
No se trata de ideología. Se trata de no insistir con políticas que ya probaron su fracaso. Se trata de poder liberar, en vez, la capacidad productiva de la Argentina y de aprovechar las condiciones mundiales en beneficio de toda la población. Para eso, resulta imprescindible que las medidas no se tomen en la soledad del despacho de un funcionario público, sino como resultado de un diálogo sincero y del consenso con todos los eslabones de la cadena de producción.